Cartas desde la Coruña por Jesús R. Martín, codirector del grupo de teatro Sardiña

 

El próximo 27 de junio el grupo de teatro escolar Sardiña, de La Coruña, representará su obra Las Troyanas, de Eurípides, para clausurar la XXVª Edición del Festival Juvenil Europeo de Teatro Grecolatino de Segóbriga.

La clausura, sencilla en sí y “allá arriba, en las ruinas”, como gustan decir los vecinos del entorno, podrá pasar desapercibida; pero ese día se culminarán 25 intensos años de representaciones teatrales en el “teatro romano de Segóbriga”; y eso, creo, le confiere una trascendencia que merece algunas reflexiones.

En primer lugar, para Castilla La Mancha; estas representaciones han sido un auténtico, “pulmón de oxígeno” para la región castellano-manchega; durante 25 años miles y miles de escolares de toda España la han visitado gracias al teatro;  allá por 1983, “las ruinas” eran apenas conocidas por los vecinos de los pueblos limítrofes; hoy son famosas en España ¡y en Europa! El proyecto arqueológico de excavaciones y rehabilitación de la zona ha ayudado al teatro escolar para que Segóbriga sea hoy uno de los centros turísticos de la Autonomía. Ya son cientos de miles (quizá millones) los españoles que conocen la zona por algo más que por el Quijote.

Es como si Segóbriga hubiese cobrado vida de nuevo; como si la ciudad hubiese vuelto a renacer de sus destruidas casas; de nuevo han recorrido “sus calles” miles y miles de personas; otra vez más, dos mil años después, su teatro ha vibrado con representaciones de comedias y tragedias grecolatinas. No olvidemos el importante detalle de que Segóbriga ha batido todos los récords mundiales de espectadores de teatro grecolatino, que han sido bastantes los años en  que se ha superado la cifra de 80.000  alumnos sentados en las gradas “romanas”.

Para la Cultura Clásica española; nunca en España hubo algún programa escolar que se pueda comparar; han sido varias las generaciones de escolares las que han tenido contacto con el teatro grecolatino gracias a Segóbriga; todos los años, a comienzos de curso, echa a andar  una compleja maquinaria  para que el mes de abril  reciba a esos miles de alumnos que, en muchas ocasiones, por primera y última vez, visitarán Segóbriga; al regreso llevan el recuerdo de un día excepcional; de un día en que “viajaron al pasado”, pasearon por una ciudad de hace 2.000 años y presenciaron teatro grecolatino en su pureza más exquisita. Son cientos, quizá miles, los profesores de Instituto que, año tras año,  se movilizan para llevar a sus alumnos a Segóbriga; son decenas y decenas los autobuses que, cada día de abril, suben y rasgan con sus chillones colores el verde primaveral de los trigales.

Segóbriga ha sido el revulsivo para que hoy sean millones los españoles que, “alguna vez en su vida”, han disfrutado de representaciones teatrales grecolatinas; ni el más optimista de los cálculos pudo jamás haber previsto un  resultado tan espectacular.

Y, finalmente, para el teatro escolar español; Segóbriga también ha cooperado para que se vuelva a hacer teatro en los Institutos; era ya una tradición centenaria casi perdida; los propios institutos hablan por si solos;  los primeros edificios, a finales del XIX, consideraban el teatro uno de los “lugares nobles”; pero cada “nuevo “edificio” que se construyó dejó menos sitio para el teatro; a partir de los años 70 ya ni siquiera se contemplaba su existencia. Pero Segóbriga ha encendido de nuevo esa llama que  se había apagado; cientos, miles, de grupos de teatro han surgido al calor de Segóbriga; valga como ejemplo, uno más, el grupo Sardiña; como el teatro en Segóbriga, nació en 1983 en un barrio marginal de una ciudad también marginal de la geografía española; hubiera estado condenado a morir con la misma velocidad con que nació; gracias a Segóbriga ha vivido 25 años, ha recorrido España con sus obras, ha sido visto por más de 250.000 espectadores; la del próximo 27 será su actuación 530; si Segóbriga no hubiera existido, si Aurelio Bermejo, “almus pater” de todo esto, no hubiera quemado sus naves en el proyecto, Sardiña hubiera desaparecido y hoy no habría cientos de institutos que, por toda la geografía española, tienen “su grupo” de teatro escolar representando comedias y tragedias grecolatinas.

Otro día les hablaré de Las Troyanas

Jesús R. Martín, codirector del grupo de teatro Sardiña


  

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