Tesmoforias

Grupo Akrai en Tesmoforias

Ficha Bibliográfica

  • Título original: Las fiestas de Ceres y Proserpina
  • Traducidas directamente del griego por: FEDERICO BARÁIBAR Y ZUMÁRRAGA
  • Editorial HERNANDO S.A. Biblioteca Clásica Hernando Madrid 1.963/64

Ficha Artística

  • MNESÍLOCO: Daniel S. Pardo
  • EURÍPIDES: Francisco Galán
  • AGATÓN / PRITANEO: Antonio Osuna
  • CRIADO AGATÓN/ARQUERO: Dani Navazo
  • CLÍSTENES: Alejandro Arrabal
  • CORO AGATÓN: Mª Dominga González, Mercedes Naranjo, Clara Arrebola, Alejandro Arrabal.
  • CORO MUJERES: Helena Martos, Gloria Peñas, María Águila, Rosa López, Mª Dominga González, Victoria Ropero, Mercedes Naranjo, Clara Arrebola, Ana Mª de los Ríos, Carmen Escobar, Carolina Ruiz

Ficha Técnica

  • Caracterización: Alumnos I.E.S.
  • Indumentaria: Ramón Donate
  • Música y Bailes: Puri Dueñas
  • Maquillaje: Carmen Jiménez
  • Escenografía y Decoración: Rafael Serena / Ramón Donate
  • Maquinista: Eusebio Castro
  • Vídeo y diseño de imagen: Pilar de Miguel
  • Gerentes: José A. Ruiz, José A. Nuevo
  • Producción y Realización: I.E.S. Ángel de Saavedra

Dirección

  • Rafael Serena

IES

  • I.E.S. Ángel de Saavedra

Resumen de Tesmoforias

Antecedentes Históricos

Corresponde el nombre a una fiesta de las mujeres, común a todos los pueblos griegos y significa «dispensadoras de leyes». Esta fiesta se celebraba en otoño en la Pnix de Atenas, estaba reservada a las mujeres casadas atenienses y tenía lugar entre los días 11 y 13 del mes de Pianepsión (octubre-noviembre, nuestros). Su intención era propiciar la fecundidad de los campos recién sembrados, mediante un ritual en el que la presencia de lo sexual tenía parte muy destacada.

Las mujeres casadas, como preparación a esta fiesta, estaban obligadas a guardar con anterioridad algunos días de abstinencia sexual. Como en otros cultos, los ritos de este (fiesta Tesmoforias) eran secretos. Según hemos dicho, duraba tres días:

El primero se llamaba ánodos, es decir «subida». Las mujeres subían a la Pnix, en cuya ladera estaba el Tesmoforio, el templo en que celebrarían la fiesta; allí hacían enramadas y lechos de plantas para acostarse, plantaban sus sencillas tiendas de campaña que compartían por parejas y en la que habían de permanecer los tres días. Ese día desenterraban los restos de ciertos objetos sagrados (dulces e leche con forma de serpientes, cerditos y órganos sexuales) que habían enterrado unos meses antes, probablemente durante otra festividad femenina, las fiestas Esciras.

El segundo día tenía el nombre de nesteía, es decir «ayuno». En él es donde Aristófanes sitúa la acción de nuestra comedia. Las mujeres, en riguroso ayuno, se reunían solas, sin presencia de varones. Semejante soledad les daba libertad para hacer o decir lo que quisieran.

El tercero se llamaba kalligeneía, «el feliz alumbramiento», y estaba dedicado a la fertilidad de las mujeres y a la de los campos. Entre los ritos del día figuraba la ofrenda de las diosas de diferentes frutos, gachas y queso; las mujeres se entregaban a bromas obscenas, manipulaban figurillas de barro que representaba el órgano sexual femenino y comían granadas y se flagelaban con ramos verdes: se suponía que todas esas prácticas favorecían la fecundidad. Por esa época habrían de sembrarse los trigos.

Las dos diosas a que hacen alusión constante en esta comedia so Deméter y Perséfone. A ellas especialmente se dedicaban estas fiestas. Ellas son las portadoras de los thesmoí, de las prescripciones divinas: las normas no escritas que regían las relaciones entre los hombres antes de la codificación de las leyes. Ellas son las dos diosas por las que suelen jurar las mujeres atenienses, las únicas a quienes está permitido, como hemos referido, el acceso a su fiesta.

La comedia de Aristófanes fue representada el año 411 a . C. ene. Mes de marzo, es decir en la Grandes Dionisias. Pocas alusiones hay a lo político. En cuanto a la parodia, puede decirse que se halla presente en esta obra desde el principio hasta el final. Se parodian personajes y acciones bien conocidas por todos y, sobre todo, se parodian pasajes de tragedias de Eurípides, utilizando esa forma específica de parodia que se conoce como paratragedia. Y toda ella, la comedia, se va en ridiculizar a Eurípides, por su pretendido encono contra las mujeres. El poeta aprovecha cuanto puede en su favor. Y una de las calidades de la obra está en sus mordacidades contra el gran trágico. Hay escenas en que llega a la exageración. No deja de tener sus tintes lúbricos. Bien planeada y bien dicha es de las más bellas del gran comediógrafo.

Argumento

Eurípides, el trágico griego, está aterrorizado: puede que las mujeres aprovechen la libertad de que disponen durante la fiesta de las Tesmoforias que están celebrando para maquinar alguna insidia contra él. Pero tiene un plan: acompañado por un priente paolítico (quizá su suegro), llamado Mnesíloco, acude a casa de Agatón, otro autor trágico, a pedirle ayuda: la especial personalidad de Agatón –un afeminado de la peor especie-,le faculta, cree Eurípides, para colarse entre las mujeres sin que ellas se percaten de la intrusión y, si es necesario, tomar la palabra en su defensa. Sin embargo Eurípides no convence a Agatón, quien sólo se presta a permitir coger de su guardarropa lo que necesite para disfrazar de mujer a su pariente (Mnesíloco), que, en un arrebato de generosidad, del que tendrá sobrada ocasión de arrepentirse, se le ha ofrecido para realizar la misión que Agatón ha rechazado.

Convenientemente vestido y depilado, Mnesíloco se encamina, como una ateniense cualquiera, a la Pnix. Allí se han reunido las mujeres y se disponen a celebrar una asamblea en toda regla con un único punto en el Orden del Día: Eurípides.

Diferentes oradoras exponen las acusaciones femeninas contra el poeta: para la primera es culpable de haber puesto sobre aviso a los maridos acerca de su infidelidad y de su afición a las golosinas y al vino y les ha hecho más cuidadosos en ambos sentidos. La segunda lo denuncia por daños y perjuicios: ella vende coronas de flores para los sacrificios, pero el racionalismo euripídeo ha puesto en tela de juicio la propia existencia de los dioses, y la pobre mujer no vende ya ni una sola corona. Entonces interviene Mnesíloco. Declara ante todo su conformidad con lo dicho hasta entonces y su solidaridad femenina, pero enseguida les hace un guiño de complicidad a sus compañeras y decide hablar con franqueza: al fin y al cabo están entre mujeres, no hay riesgo de que los hombres sepan lo que se dice en el Tesmoforio; además «ella» es la primera en reconocer en su persona todos los defectos femeninos que ha señalado Eurípides y muchos más que ha omitido. Esto provoca tal alboroto que Mnesíloco está a punto de llegar a las manos con otras mujeres. Entonces aparece Cístenes, el afeminado oficial, el único hombre que tiene acceso a la fiesta de las mujeres, con una noticia espantosa: se dice en el ágora que Eurípides ha conseguido introducir un hombre en la fiesta para estar al tanto de las intenciones de las mujeres respecto a su persona.

Con la colaboración de Clístenes, y tras breve encuesta, Mnesíloco es descubierto y rendido. Todavía en un vano intento de escapar, hace una nueva referencia a la afición de las mujeres a la bebida: arrebata a una mujer lo que él cree que es un niño de pecho y en realidad es un odre colmado de vino, y cuando da un corte en el pellejo y empieza a salir el vino, las mujeres acuden ansiosas a recoger la «sangre», sin consentir que se derrame por el suelo ni una sola gota. Por fin las mujeres lo ponen a buen recaudo y envían a Clístenes en busca de una autoridad que se haga cargo del intruso y le castigue como merece.

Mnesíloco busca un medio de escapar. Debe hacer venir a Eurípides sea como sea, y se pone a representar una de sus tragedias, Palamedes, actualmente perdida; pero las mujeres le interrumpen enseguida: se proponen rebatir el tópico de la maldad y del cúmulo de defectos que se achacan a la condición femenina, no pueden ser tan nefastas cuando los hombres ponen tanto empeño en conseguirlas; las mujeres reclaman que se les reconozcan sus méritos en justa proporción a su contribución a la ciudad. El Palamedes no ha conseguido hacer venir a Eurípides pero el pariente no se arredra: se convierte en Helena de Troya, perdida en las costas de Egipto y añorante de Menelao y tratando de embaucar a la mujer que vigila a su suegro. La mujer defiende su presa y no se deja engañar. Además aparece Clístenes, acompañado de un pritaneo, y Eurípides no tiene más remedio que abandonar el campo. Con ellos viene un arquero escita que atará al pariente a un poste y lo vigilará cuidadosamente.

Pero Eurípides vuelve a la carga. Mnesíloco atado al poste ofrece una imagen con demasiado parecido con Andrómeda, encadenada a las rocas a la espera de que se la coma el monstruo marino Gláucetes, tal como había escrito Eurípides en su tragedia Andrómana. El pariente se vuelve Andrómeda, y canta los lamentos de la heroína. Por su parte Eurípides aparece en escena disfrazado de Perseo e intenta con el arquero lo mismo que antes con la guardiana. Pero tampoco tiene éxito en este intento: la argucia era demasiado sofisticada para las escasas luces del arquero; es preciso apelar a trucos más sencillos.

Y así hace Eurípides, que se presente a las mujeres y acuerda con ellas es cese de hostilidades a cambio de la libertad de su suegro, Mnesíloco. Con su permiso, dirige su atención al arquero. Se le acerca disfrazado de vieja y acompañado por un flautista y una joven bailarina muy ligerita de ropa, que distraerá la escita el tiempo necesario para que Eurípides desate a Mnesíloco, primero, y abandone el Tesmoforio, a continuación, con él. El arquero cuyo dominio del lenguaje ni siquiera le permite reproducir correctamente el falso nombre de la vieja que le ha engañado, se encuentra la escena vacía y las demás mujeres lo despiden sin demasiada compasión y, de paso, hace lo propio con los espectadores, para los que ruega a los dioses toda clase de venturas: el habitual intento de propiciarse al público, de cuyo aplauso depende en buena medida el dictamen de los jueces del concurso.

El Autor: Aristófanes

De la vida de Aristófanes es muy poco lo que se sabe con certeza. Hijo de Filipo, del demo Cidateneo, de la tribu Pandiónide , nació hacia mediados de la década del 450- 440 a .C., ya que la primera comedia que representó con su propio nombre, Los Caballeros, corresponde a las Leneas del 424. Parece que vivió la mayor parte del tiempo en la isla de Egina, tuvo allí posesiones y se instaló como cleruco. La obra aristofánica presupone, por su conocimiento de la vida ciudadana, una residencia continua en Atenas, aunque la nostalgia de la vida campesina que rezuman sus piezas parece apuntar a que se pasara parte de su niñez en el campo.

Su producción consta de once comedias, por todos conocidas, amén de otras perdidas y fragmentadas. La vida de Aristófanes coincide con el momento de máximo esplendor económico, político y cultural de Atenas. Fue contemporáneo de Sócrates y Tucídides, y contemporáneo también aunque de una generación anterior de Jenofonte y Platón. Desde el punto de vista cultural asistió al desarrollo de la Retórica y de la Sofística. Desde el punto de vista de la actividad teatral en la que vivió inmerso, conoció la obra de Sófocles y pudo observar cómo Eurípides se ganaba el favor del público.

Saboreó las mieles del éxito y las hieles del fracaso. Asistió hacia el final de su vida a la desaparición de la Tragedia como género literario y a la muerte de la Comedia Antigua , en la que fue maestro insuperable.

Se desconoce la fecha de la muerte del poeta. Posiblemente tuvo lugar poco después de la representación de Pluto ( 388 a .C.).

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